Durante 25 años, construí una carrera exigente en la industria manufacturera hasta llegar a puestos de dirección. Ingeniero de formación, padre de 3 hijos, deportista consumado... sobre el papel, todo estaba ahí.
¡Y sin embargo!
Después de dejar mi último puesto como director técnico en la industria en julio de 2025, y un periodo intentando identificar una reconversión, pude participar en el programa “Nuevos Horizontes” de la APEC (Asociación para el Empleo de los Directivos) en mayo de 2026. Un programa diseñado para ayudar a los buscadores de empleo a recuperar la confianza y dar un nuevo impulso a su proyecto profesional. Entonces ocurrió algo. Una revelación repentina. La confirmación, tras años de dudas acumuladas en silencio, de que ya no quería volver a donde siempre había estado.
¡La bicicleta, una práctica ya arraigada!
No es un atractivo repentino por la aventura lo que motiva este proyecto, sino una práctica que llevo conmigo desde hace veinte años.
A lo largo de los diferentes periplos, no fue solo la resistencia lo que experimenté. Fue sobre todo otra cosa: esa capacidad de introspección propia de la bicicleta, esa forma de libertad que solo un desplazamiento por uno mismo, sin intermediarios, permite sentir plenamente. Cada kilómetro recorrido en solitario confirmó lo que ya presentía: que la bicicleta no es solo un medio para ir de un punto a otro, sino un espacio donde uno se encuentra cara a cara consigo mismo.
Es esta convicción, puesta a prueba en las carreteras de Córcega y de Europa, la que hoy impulsa esta travesía de Sudamérica en este momento de transición de vida que estoy viviendo.